“Meterse con el santo, pero no con la limosna” es una expresión popular que resume la sensación que dejó la recientemente finalizada COP30: se permitió cuestionar las causas del cambio climático, pero no los intereses económicos que lo mantienen.
El acuerdo final del evento, fue insatisfactorio para la mayoría y dejó como únicos beneficiados a los grandes actores del negocio fósil: corporaciones petroleras, países productores y potencias económicas.
Aunque se registraron algunos avances importantes en materia de financiamiento, adaptación y transición justa, el documento aprobado evitó toda referencia explícita a la eliminación o reducción del uso de combustibles fósiles.
Sin una hoja de ruta para su abandono progresivo, el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París se vuelve prácticamente inviable.
En este escenario, la concentración de gases de efecto invernadero continuará aumentando y, con ello, los impactos sobre la vida y los derechos de millones de personas, especialmente en los países menos desarrollados y menos responsables de las emisiones.
No parecieron tener efectos las advertencias de los científicos, las protestas de los grupos indígenas, ni las de las cuantiosas organizaciones presentes, tampoco las exhortaciones del papa León XIV y otros líderes globales, ni siquiera las recientes opiniones consultivas sobre clima emitidas por la Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Tampoco parece haberse tomado en cuenta la situación global en la que cada año se baten récords climáticos en aumento de temperatura, sequías, incendios, huracanes y propagación de enfermedades.
El panorama es preocupante: no hubo voluntad para “meterse con la limosna”.
Este no es el fin de la lucha. No es la primera COP que termina de forma muy insatisfactoria y en algunos casos con fracasos totales. Recordemos la COP15 en Copenhague en el 2009, entre otras.
La historia enseña que algunos de los grandes éxitos de la humanidad fueron precedidos de períodos oscuros de destrucción y derrota.
De hecho, una primera movida fue anunciada por el gobierno colombiano al anunciar la celebración de una Conferencia Internacional para la Eliminación Progresiva de los Combustibles Fósiles, a realizarse en ese país en 2026.
Pero también debe ser el tiempo de las organizaciones sociales, los cuales debemos ser los movilizadores de la sociedad para actuar cada vez con mayor intensidad, organización y perseverancia por un mundo justo, responsable, solidario y sostenible para todos.
¿Y Venezuela?
Vale la pena contar con más detalle la historia del país y su laberinto petrolero, así que la dejamos para la próxima.
Nos vemos en el camino.






